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NUEVAS LINEAS: UN PARLAMENTO PARA LA REVOLUCIÓN DE ROJAVA.

Publicado por Jonas Staal, New World Summit. cerca de 1 año

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PARLAMENTO ROJAVA

   

   

   

   

New World Summit (la Cumbre del Nuevo Mundo) comenzó recientemente a construir en Derîk, un parlamento público revolucionario, abierto a todos, y un verdadero hogar para la democracia sin estado de Rojava.

Dos grúas trazan círculos sobre un gran hoyo en el suelo, levantando pesados arcos negros de metal en el aire. Están cubiertos de palabras pintadas a mano: Yeksani Regezi, Igualdad de Género, Xwe-Bergîri, Auto-Defensa.

Los vecinos de alrededor del área de construcción salieron de sus casas para ver la coreografía de las grúas, camiones de cemento, y topadoras —algunas de las máquinas decoradas con banderas de partidos políticos y concejos.

Entre los observadores está Amina Osse, la Ministra de Relaciones Exteriores en el Cantón Cezîre, mirando el espectáculo junto con algunas mujeres de las fuerzas de seguridad local, la Asayish —famosa por su declaración pública sobre el deseo de disolverse cuando la sociedad se haya vuelto capaz de organizar su propia auto-defensa.

Osse es una de las fuerzas impulsoras detrás del proceso de construcción, una de sus co-autoras. El día pasa y su silueta se vuelve oscura. En la luz que queda una gran forma esférica ha surgido delante de ella. Un globo constructivista que esperamos será un símbolo del nuevo mundo en gestación.

Cumbre del Nuevo Mundo

Escribo estas palabras desde Rojava, o Kurdistán occidental (Norte de Siria), donde, por tercera vez desde 2014, estoy invitado junto a mis colegas Younes Bouadi y Renée In der Maur.

Desde hace varios años, nuestra organización —la New World Summit (Cumbre del Nuevo Mundo)— se dedica a crear plataformas en instituciones de arte, teatros, y espacios públicos para movimientos políticos apátridas de todo el mundo. Desde Berlín y Bruselas a Kochi en India, hemos construido lo que llamamos “parlamentos temporales”, construcciones arquitectónicas de gran escala en las cuales representantes de más de treinta movimientos políticos apátridas han tomado la palabra: organizaciones revolucionarias de vascos, catalanes, bereberes, oromos, baluchis, tamiles, y de Papúa Occidental.

Hoy, muchos de estos grupos están en listas negras, como consecuencia directa de la llamada Guerra contra el Terrorismo. Esto ha conllevado el congelamiento de cuentas bancarias, la aplicación de prohibiciones para viajar, y la cancelación de pasaportes.

   

Bastante cínicamente, esto significa que mediante el acto de ponerlos en listas negras, aquellos que ya están sin estado se vuelven apátridas una vez más, enfrentando una doble negación. Poner en listas negras a estas organizaciones — literalmente colocarlos “afuera” de la democracia — tiene mucho que ver con la amenaza que plantean al status quo de la doctrina capitalista global.

Como sostenía el investigador y activista tamil, Suthaharan Nadarajah, la política de las listas negras es esencialmente impulsada por un proyecto de construcción de estado neoliberal: la exigencia de que los movimientos de resistencia se “desarmen” y comprometan a una “participación democrática pacífica” muy a menudo significa simplemente que el espacio debe ser despejado para que la política corporativa tome control de los recursos y la tierra.

Muchos de los declarados apátridas, a través de las listas negras de terroristas en la llamada Guerra contra el Terrorismo, encarnan la memoria insurgente de la legítima resistencia exactamente contra aquellas políticas.

En la New World Summit creemos que, como artistas dedicados a políticas emancipatorias, nuestra tarea es crear espacios para desarrollar estas contra-narrativas: espacios donde podemos re-imaginar y representar el mundo según los sin estado.

Las líneas dibujadas por todo el Norte de África y Medio Oriente fueron trazadas por burócratas y colonizadores. Como ha dicho el artista Golrokh Nafisi, es tiempo de dibujar nuevas líneas. No según los invasores, sino según la resistencia. No líneas que apartan a una nación de otra, sino líneas con nuevas formas, y formas que nos permitan representar este mundo de nuevo. Para crear un nuevo mundo necesitamos el imaginario de cómo ese mundo podría o debería verse. Por definición, todo imaginario político necesita también un imaginario artístico.

La revolución de Rojava


 

 La revolución de Rojava proveyó al mundo con el imaginario político que muchos izquierdistas, anarquistas, eco-activistas y socialistas libertarios han estado buscando. A mediados de 2011, cuando el régimen de Assad estaba combatiendo al Ejército Libre Sirio en el sur, el vacío de poder en el las regiones predominantemente kurdas del norte del país se llenó de revolucionarios de Rojava, que declararon su autonomía.

Un texto escrito colectivamente, el “Contrato Social“, clarificó los puntos de partida: Rojava habría de convertirse en una entidad no-estatal, donde el auto-gobierno, la igualdad de género, la diversidad étnica y religiosa, el derecho a la auto-defensa y la economía comunal formarían los pilares fundacionales. Desde entonces —en medio de una guerra contra el Estado Islámico y otros grupos jihadistas como el Frente Al-Nusra, y rodeados por las fuerzas del régimen de Assad, tropas rusas y “fuerzas de coalición” internacionales —los revolucionarios de Rojava comenzaron a poner en práctica sus nuevos ideales de auto-gobierno.

En los últimos años se ha visto el nacimiento de incontables parlamentos locales y comunas, fuerzas de protección barriales auto-organizadas, nuevas universidades para el estudio de lenguas y culturas reprimidas, el desarrollo de la “jineology” (ciencia de las mujeres), centros culturales, y una nueva academia de cine. Juntos forman la nueva ecología social conocida como la Auto-Administración Democrática de Rojava.

 

La revolución de Rojava es más que una revolución de armas —es una revolución social y cultural. Resultado de décadas de teoría y práctica revolucionarias desarrolladas por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la obra de Abdullah Öcalan ha tenido un lugar muy destacado en este proceso. Después de su encarcelamiento por parte del régimen turco en 1999, él comenzó a teorizar modelos de autonomía que conformaran una alternativa al paradigma tradicional del estado-nación. Llegando a la conclusión de que hoy el estado-nación no es más que una “colonia del capital,” Öcalan propuso en cambio un modelo de “confederalismo democrático”, al que describió como “una democracia sin el estado”.

Como hoy es bien sabido, el movimiento de mujeres kurdas fue fundamental para sostener este rechazo de las formas tradicionales de la categoría de estado. El co-fundador del PKK, Sakine Cansiz, describió cómo el movimiento revolucionario había sido “desde el inicio, una lucha ideológica contra la negación, la impresión social chovinista, los enfoques primitivos y nacionalistas”.

Öcalan y Cansiz redefinieron la noción misma de lo que significa autonomía. En lugar de seguir con los términos de los colonizadores y sus proyectos de construcción de estado que hacen estragos y dividen, un conjunto de nuevos términos surgió a través de la práctica en la lucha revolucionaria. Este es la razón por la que hoy podemos ser testigos de la democracia sin estado de Rojava.

Muchos periodistas describieron a la Revolución de Rojava como una sorpresa, como una curiosidad que emergió de la nada. Pero quienes visitan Rojava rápidamente se enfrentan con la realidad: en cada esquina, en cada casa o comuna, se muestran los nombres y las imágenes de los mártires. Por cada centímetro de Rojava se tuvo que luchar, en el pasado y en el presente.

Esa expresión debe ser tomada muy literalmente: la liberación de pueblos y ciudades ocupadas por el Estado Islámico está llena de trampas y minas, que a veces cubren cientos de metros a través de explosivos unidos en serie, y no queda más que detonarlos para despejar el área, con francotiradores desperdigados y los hombres-bomba que dejaron para alcanzar el máximo número de bajas. Los muchos jóvenes que deben abrirse camino a través de esos laberintos aterradores son los que hacen posible un futuro para Rojava, muy literalmente: volver habitable un centímetro por vez.

Cada idea, cada logro que formó este nuevo paradigma democrático está atado a una memoria comunal de aquellos que ayudaron a ponerlo en práctica. Y todavía hoy, en Rojava, así como en Bakûr, Rojelat, y Başûr, este sacrificio continúa. El dicho “Los kurdos nacen luchando” es la dura realidad sobre la cual se funda el imaginario revolucionario de un nuevo mundo. Uno no puede comprender una revolución sin dar cuenta de aquellos que estuvieron dispuestos a resistir al punto de arriesgar sus propias vidas. Cuando nuestro equipo de New World Summit llegó a Rojava la primera vez, sentimos que estábamos siendo testigos de un proyecto político que nosotros —como artistas— habíamos sido apenas capaces de imaginar. En una región que padeció el terror de décadas de construcción de un estado imperialista y neocolonial, había surgido un nuevo imaginario democrático radical.

Los sometidos por las fuerzas que a menudo se legitiman a través del nombre de democracia se re-apropiaron del término, re-afirmaron sus principios y práctica, y liberaron a la democracia de su creciente historia de servicios al terror de estado, guerras ajenas, regímenes clientelistas, y conflictos bélicos encubiertos. Las revoluciones también son explosiones de creatividad; liberan a los viejos términos y las viejas formas, y abren lo posible a diferentes maneras de actuar sobre el sentido y las posibilidades de nuestro ser en el mundo. Son expansiones de la imaginación de en qué podría convertirse una sociedad. Esencialmente, sobre eso debería ser toda gran obra de arte.

Nuestros anfitriones, la Ministra de Asuntos Exteriores, Amina Osse, y Sheruan Hassan, el representante internacional del Partido de la Unión Democrática (PYD), querían saber todo sobre nuestro trabajo en el New World Summit y los parlamentos temporales que creamos en los últimos años para los kurdos y otras organizaciones políticas sin estado.

Una noche, revisando las fotos de nuestras construcciones arquitectónicas, Osse me miró y preguntó: ¿Dónde están estos parlamentos ahora?”. Le respondí: “En ninguna parte, los construimos solamente para los días de nuestras cumbres internacionales: son parlamentos temporales”. Con chispas en los ojos, sonrío y dijo: “Si alguna vez hicieran uno en Rojava, lo mantendríamos para siempre”.

Un parlamento para la revolución de Rojava

 

 

Esa noche, se encontraron el imaginario político y el artístico. Y esa misma noche, Osse, Hassan, y mi equipo comenzaron a dibujar y desarrollar un nuevo parlamento público para la Revolución de Rojava. Pero esta vez, como había sugerido Osse, sería permanente.

Comenzamos a trazar líneas. Pero esta vez no eran las líneas de otro estado más, otra ocupación más, otra pared u otra separación más: como quería Nafisi, eran nuevas líneas.

La primera línea que trazamos definía que el parlamento debía ser un espacio público: un parlamento del pueblo, accesible a toda hora, para todos los estratos y organizaciones que forman el auto-gobierno autónomo de Rojava. El parlamento nunca más debía estar separado de la esfera pública, sino que debía volverse parte de ella.

   

La segunda línea que trazamos definía que el parlamento debía ser circular; un parlamento que rechaza las jerarquías formales entre oradores y público; un parlamento que acepta el hecho de que la revolución de Rojava rechaza todos los monopolios de poder.

La tercera línea que trazamos definía que el parlamento debía estar basado en seis pilares: seis arcos de metal, cada uno de los cuales transmitiría un concepto fundacional del Contrato Social que resultó de la revolución de Rojava. Escritos en kurdo, árabe y asirio, estos pilares serían portadores de los principios fundacionales de la revolución, concretamente: Confederalismo Democrático, Igualdad de Género, Secularidad, Auto-Defensa, Comunalismo y Ecología Social.

La cuarta línea que trazamos definía que el parlamento estaría cubierto por fragmentos de seis banderas: seis organizaciones que conforman el tejido de movimientos comunitarios y coaliciones que continúa dando forma a la revolución de Rojava. Seis fragmentos de banderas que, cuando se las observa desde dentro del parlamento, forman un nuevo conjunto, una nueva bandera en la cual las estrellas y los soles, que decoran varios de los emblemas de las organizaciones de Rojava, construyen una nueva unidad confederada.

La quinta línea que trazamos era la forma total que todos estos componentes construirían juntos: una esfera, un nuevo mundo.

De varias maneras, nosotros, como la New World Summit, pensábamos que un parlamento sólo podía ser revolucionario si era temporal. Pero a través del imaginario revolucionario de Rojava, un nuevo parlamento se hizo posible: un parlamento sin estado para una democracia sin estado.

El sol kurdo

 


 

Ahora el parlamento público está en construcción: con las manos de artistas, trabajadores y revolucionarios por igual. El corazón circular, concreto, del parlamento se ha vuelto visible. Los primeros arcos ya han sido levantados. Artistas como Abdullah Abdul nos ayudan a pintar las enormes telas que cubrirán la estructura.

El 17 de octubre de 2015, una delegación de veintisiete invitados internacionales se unió al pueblo de Derîk y los representantes de la Auto-Administración Democrática de Rojava para celebrar el nacimiento del parlamento. Los revolucionarios de Rojava estuvieron hombro con hombro con los representantes del Partido Nacional Escocés, la Candidatura de Unidad Popular de Cataluña, el Congreso Mundial Amazigh (bereber) del Norte de África, la Iniciativa Feminista de Suecia y el Movimiento Democrático Nacional de Filipinas: una bendición internacionalista para un nuevo mundo en construcción.

Cuando empezó la música, y comenzó una danza alrededor del nuevo parlamento bajo la luz declinante del sol kurdo, Osse se detuvo y observó el parlamento. Esta vez estaba junto a muchos.

     

Ya lo había dicho muchas veces: “Nuestra revolución es una revolución para la humanidad”. Parece que la humanidad está empezando a ver eso. Nosotros, ciertamente. El imaginario revolucionario de Rojava nos enseñó las posibilidades profundas de un nuevo mundo. Y ahora, nosotros, como artistas, esperamos hacer nuestra modesta contribución para hacer de ese imaginario una realidad para todos.

El autor desea agradecer a Renée In der Maur, Dilar Dirik y Vincent W. J. van Gerven Oei por su apoyo editorial para escribir este artículo. También, gracias al artista Golrokh Nafisi, que verdaderamente hace honor al dicho de Mazou Ibrahim Touré: “Las consignas son la poesía de la revolución”.

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